Hace como diez años que perdí la vista. Hace como cinco años que acepté que estoy ciego. Hace como dos que camino con este bastón y hace más uno que eché a ese pendejo, ladrón niño. conozco muy bien el parque y el mercado, donde boy a limosnear y sé muy bien como llegar a mi cuarto, dónde queda el baño, dónde boto la basura, dónde me siento para comer, dónde duermo, a qué hora me levanto, cuando sé que hay mucha gente en las calles y qué día hace más sol.
hoy cumplo un año más de soledad, lo sé, por que hoy es marzo –lo escuché ayer que estamos mediados-, no sé que fecha me quedé solo exactamente, pero hoy cumplo un año más. Fue hace más de un par de años que descubrí a mi ayudante, con el que limosneaba me hurtaba las monedas. No pude meterle algún golpe pero fue ese día que no lo volví a escuchar su voz de angel. Este bastón que uso en un principio era tosco y agresivo para mis manos, pero poco a poco fue poniéndose plano. Saqué su corteza y pasaba todo el tiempo carariciandolo luedo empezó a moldearse y ponerse blando para estas manos duras como mi corazón. No me importa qué me proporcionen, a veces me echan sobras de comida, otros días me dan panes duros como también monedas –es lo de menos- como hoy por ejm. Dando golpes al pavimento con mi bastón, guiándome por la vereda-a la velocidad de un caracol preocupado-, con la alforja llena a medias. Escuchando la bocina de los carros, los pasos de las personas, las conversaciones de jóvenes, el grito de los alcohólicos y a los locos hablando de Dios. El aire se viene disfrazado de hojas, su susurro es música y las oigo elevar.
Por favor, ayudeme a cruzar. pido a no sé quien y en respuesta escucho la voz agrietada y gris de un hombre.
La bocina de los carros se van alejando poco a poco la voz de las personas de alejan de mi vida y yo me siento único en el mundo.
-hola cieguito- me coge de las manos unas manos un tanto suaves y penetran a mi oído una voz a la vez brusca y a la vez sensual. Sus manos me guían a unos pechos descomunales, suaves y trémulas. Me siento en paz y al instante me siento en dicha. Los empiezo a besar y al besar su cuello encuentro una garganta malgastada con una manzana tan grande. –ella gimotea- yo mordisqueo su cuello. Y mi mano va explorando un mapa carnal.
-Vamos más allá- me dice y escucho una voz un tanto extraña. Pero como estoy en dicha no me interesa eso. Yo camino guiado por sus manos secas, doy unos pasos seguros, sin importarme qué será después, esperando que sea el mejor momento de mi vida, los mejores de antes, pues hace más de diez años que no tengo sexo. De pronto empiezo a encontrarme nuevamente con su cuerpo –oigo caer un tacho de basura- ella gimotea con tantas ganas que mi dicha explota como una bomba en la ciudad. Desabrocho su bragueta y al buscar mi bendición encuentro algo con una herida mal cicatrizada e inmensa. Me dice con su voz forzada que se ha cortado. Yo me detengo, me sorprendo. En un instante trato de alejarme y al instante me encuentro nuevamente en su cuerpo. La hago hacia mí, beso su espalda. Oigo la noche y los niños que venden tamales, el bus, los gatos vagabundos y los perros ladrar a los desconocidos -los perros por las noches desconocen a mucha gente mucho más en estos lugares-. Pero no me interesa, no me interesa si en este momento muero devorado por ellos. ¡me siento vivo!.
por favor, llévame donde me encontraste, por favor!. Le pido por no saber dónde estoy y después de unos minutos me encuentro donde empezó todo, pareció como un sueño. Hace como cinco años que quise morir y hoy quiero vivir. Camino con mi bastón, paso a paso, llego después de unos momentos al mi espacio, a mi rincón, me abro camino en mi cuarto, entre los periódicos, latas, y bolsas plásticas. Empieza a llover.